Gonzalo García Pelayo
En los juegos de casino las probabilidades siempre están a favor de la casa. Pero Gonzalo García Pelayo descubrió una forma de revertir las probabilidades.
Todos sabemos que para ganar en los juegos de casino es necesaria una buena dosis de suerte más allá de cualquier habilidad que podamos poseer. La ruleta, claro está, no es la excepción. De hecho no es ni siquiera uno de los juegos más fáciles, ya que el casino tiene una ventaja en las probabilidades de ganar sobre los apostadores de aproximadamente 5% en cada tirada. Es decir que a la larga siempre terminaremos perdiendo nuestro dinero.
Sin embargo, ha habido algunas personas a lo largo de la historia que encontraron ciertos resquicios para vulnerar dichas probabilidades.
Uno de los casos más notorios es el del español Gonzalo García Pelayo. A principios de la década del 90, este matemático madrileño descubrió que los números que arrojan algunas ruletas no siempre son totalmente aleatorios. Las razones pueden ser distintas, pequeñas fallas en los engranajes, diferencias imperceptibles en el tamaño de los casilleros o incluso, por qué no, desniveles en el piso sobre el que la mesa se encuentra apoyada. Lo cierto es que en algunos casos las ruletas pueden llegar a ser tendenciosas y Gonzalo García Pelayo decidió aprovechar estos hechos utilizando las matemáticas. Aplicando muchas horas de observación se dedicó a estudiar los números que salían en las ruletas del casino de Madrid y concluyó que efectivamente algunos números tendían a salir con más frecuencia. Laboriosamente recopiló los datos de miles de tiradas obteniendo las bases suficientes para realizar un estudio estadístico. Utilizando una computadora logró establecer cuáles eran los números con mayores probabilidades a favor.
Una vez completado el proceso se dedicó a apostar continuamente a aquellos números que tenían más probabilidades de ser ganadores. De esta forma, consiguió dar vuelta una desventaja de un 5% a favor del casino en una ventaja de casi el 15% a su favor. Por otro lado, no solo se dedicó a apostar por su cuenta, sino que trabajó junto con un grupo. Utilizando esta técnica se llevó ganancias cercanas a los dos millones de Euros incluyendo 600.000 euros en un día.
Naturalmente, cuando el casino de Madrid descubrió lo que estaba pasando decidieron prohibirle la entrada y recurrieron a la justicia acusando a García Pelayo de haber hecho trampa. Ya en 1994, dos años después de la presentación del casino, la medida de prohibición contra el matemático fue denegada en una instancia previa.
Finalmente en 2004, luego de diez años de litigaciones, la corte suprema española falló a favor de García Pelayo argumentando que simplemente había utilizado el ingenio y la tecnología y que el casino, en lugar de expulsar a los grandes ganadores, debería reparar sus ruletas o diseñar nuevas.
En una entrevista periodística Pelayo dijo: “No superamos al azar, lo estudiamos, estudiamos sus límites, tratamos de entenderlo”, y en esa misma nota también señalaba que los puntos positivos de su vocación tienen que ver con la posibilidad de escaparle a la gris rutina de oficinas, agendas llenas y sacrificios de tal índole para poder vivir. “Puedo elegir mi horario de trabajo y no tengo que llamar a nadie para concertar citas de trabajo, porque lo puedo llevar a cualquier parte y desarrollarlo así, porque lo más lindo del juego es la libertad que otorga a tu vida”.




